20-3-2012
Las religiones y sus mecanismos de reconciliación entre los humanos y entre éstos con Dios
A pesar de tener diferentes creencias y ritos, el perdón es uno de los mandatos más importantes en diversas religiones. Existe coincidencia en que requiere un sincero arrepentimiento que debe ser transmitido al ofendido, pero también es necesario el resarcimiento y la justicia, todos pasos imprescindibles para que sea posible la reconciliación.
En la doctrina de la Iglesia Católica es el instrumento para la remisión de los pecados, que son una violación de las leyes divinas y conducen a la pérdida de la gracia y, por lo tanto, a la imposibilidad de ser santo y alcanzar la salvación. La liturgia católica está repleta de ritos y oraciones que lo evocan. El sacramento del bautismo significa el perdón del pecado original cometido por Adán y Eva; quien lo recibe adquiere la calidad de hijo de Dios al recibir su gracia.
“El dios cristiano es un dios perdonador y Jesús viene a traer el gran perdón del Padre, por eso decimos que ha muerto para liberarnos del pecado y traernos el perdón”, explica Daniel Sturla, obispo auxiliar de Montevideo de la Iglesia Católica. En las páginas del Evangelio se puede encontrar gran cantidad de menciones que dan cuenta de su importancia. Cuando Jesús enseña el Padrenuestro dice “perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”, porque si los cristianos no perdonan no serán perdonados por Dios. Además, su alcance no tiene límites; así se interpreta, ante la pregunta que le hace Pedro, “¿Cuántas veces hemos de perdonar? ¿Hasta siete veces?”, de la respuesta que le da Jesús: “No hasta siete veces sino hasta 70 veces siete”, dice Sturla.
Pero además del bautismo los católicos reciben la absolución de sus pecados mediante el sacramento de la reconciliación, antes llamado confesión. Consta de cinco pasos: examen de conciencia, arrepentimiento y contrición, confesión ante el sacerdote, propósito de enmienda y cumplimiento de la penitencia impuesta. “El perdón tiene una contrapartida que es el reconocimiento de la propia culpa, el arrepentimiento y la necesidad de reparar el mal cometido. El arrepentimiento sincero en la tradición cristiana supone la reparación: si yo robo, no alcanza con la confesión, tengo que devolver lo robado”, agrega el salesiano.
En este sentido, la Iglesia predica que el perdón debe ir de la mano de la justicia. “El año pasado los obispos publicaron un documento con motivo del Bicentenario en el que planteaban que en Uruguay lo ideal sería saber unir esos dos elementos: justicia y perdón”, expresa, y destaca que la Iglesia como institución tuvo el gesto de pedir perdón por todos los pecados cometidos por sus miembros en 2000, año del Jubileo. “Juan Pablo II pide perdón a la humanidad por los pecados cometidos en el segundo milenio de la vida cristiana y los enumera en un acto público.
Por ejemplo, por haber defendido la verdad con la violencia. Y actualmente, con estas situaciones terribles de pedofilia de sacerdotes, en cada uno de los viajes, Benedicto XVI se ha reunido con las víctimas, ha pedido perdón y la Iglesia ha reparado el daño, dentro de lo que se puede”, concluye Sturla.
Durante gran parte de la historia de la Iglesia Católica las indulgencias también fueron una forma de obtener el perdón divino. La realización de determinados actos piadosos permitía a los pecadores ser perdonados por las jerarquías eclesiásticas, que llegaron a conceder indulgencias por participar en las Cruzadas, luchar contra los musulmanes en España y hasta por colaborar monetariamente para la construcción de la Basílica de San Pedro.
Para los judíos el día más santo del año es el Yon Kipur o Día del Perdón, durante el cual los temas centrales son el arrepentimiento, la expiación y la reconciliación. Ayunan y participan en una ceremonia especial. Para ellos perdonar es un mandato divino. “La Torá nos prohíbe vengarnos y guardar rencor. El hombre es responsable por sus acciones. Si hizo algo indebido tiene la responsabilidad de reconocerlo, arrepentirse de ello, resolver nunca más repetirlo, confesarlo al agredido y pedir perdón por ello. Si lo hace con sinceridad, Dios lo perdona. Pero hay un detalle importante: Dios no perdona lo que uno hizo contra el prójimo hasta que no lo arregle primero con el prójimo. O sea, cuando uno agrede al prójimo hay, de hecho, una doble agresión: una contra el prójimo y otra contra Dios, quien había prohibido agredir al prójimo. Recién después de que uno restituye el daño realizado y logra procurar el perdón del prójimo es que Dios perdona”, expresa el rabino Eliezer Shemtov, de Beit Jabad-Uruguay.
Muhammad y Yafar son miembros del Centro Cultural Islámico del Uruguay, perteneciente a la rama sunita. Según su profeta, cada musulmán es espejo de otro musulmán; esto significa que si alguien es corregido por el prójimo “no debería sentirse mal y debería agradecer y retractarse por su mala actitud”, dice Muhammad. Pero para que las ofensas sean perdonadas debe mediar una enmienda que debe exceder en lo posible el daño causado.
Además, si bien el perdón es principio fundamental, “nunca se debe dejar de hacer justicia y tomar un hecho como que no pasó”. Antes, en el caso de un homicidio los parientes directos de la víctima “tenían derecho a la sangre del infractor”, que ahora es “la pena de muerte”, explican. “La persona que perdona a otra no lo debe hacer por cobardía, sino por misericordia y aunque tenga el derecho a vengarse, perdonarlo es mejor”. El Islam considera que cuando es muerto un hombre que tenía esposa e hijos, el homicida debe encargarse de indemnizar a la familia con dinero; es lo que se llama “pago de sangre”.
Los musulmanes no tienen un rito específico para pedir perdón. El que se arrepiente debe empezar pidiendo misericordia a Dios para luego hacerlo con el ofendido. “En el Islam se dice que cuando uno comete una falta, con el primero que se ha sido injusto es consigo mismo, porque lo que se hizo a otro va a en su contra al ser juzgado para la otra vida futura”, dice Muhammad.
Gonzalo Soria es sacerdote de la Iglesia Anglicana del Uruguay, párroco en la ciudad de Fray Bentos. En sus sermones y homilías sobre el perdón habla siempre sobre “lo que no es el perdón”. “No podemos confundirlo con el olvido. El olvido puede ofrecernos anestesia, pero nunca sanación”, explica.
“Tampoco podríamos decir que el perdón es un sentimiento, ya que los sentimientos cambian y no siempre dependen de nosotros. No es la resignación que nos trae un dogma de fe, como quien no tiene más remedio que aceptar que como somos cristianos hay que perdonar”, agrega. Es un paso que se da con humildad, incluso tratando de que el perdonado “no se dé cuenta de lo que nos cuesta”. Para el presbítero, “el perdón debería ser más un estilo de vida que un acto ligado a una ofensa, nunca olvidando que no nos convierte en superiores y que el perdón transcurre entre pecadores. Quien dona y quien recibe el perdón participan juntos en la misma reconciliación, con ios, con el prójimo y con uno mismo”, concluye.
Por su parte, desde el punto de vista de la religión afroumbandista, el concepto en cuestión también tiene un aspecto esencial en el arrepentimiento, que es “lo que realmente nos limpia de la culpa”, dice Susana Andrade, de la Asociación Afroumbandista Atoto Abao. “El arrepentimiento es una liberación que permite espiritualmente a la persona limpiarse de esa carga negativa que es la culpa de haber cometido algo que dolió a otros. No puede haber un verdadero arrepentimiento si no se concibe desde la dimensión del amor”, sostiene.
También monoteístas, conciben al creador, cuyo nombre bantú es Zambi, como un ser “no castigador”. Sin embargo, existe “el libre albedrío y hay consecuencias de nuestros actos por esa posibilidad de hacer o no hacer, y la energía negativa que ocasionó la mala acción se vuelve en contra de quien la hizo”, señala Andrade. Sostiene que una de las condiciones para “limpiarse” es expresar el arrepentimiento a quien se agravió, aunque “tampoco vale pedir perdón a cada rato”. Para Andrade, en este “pasaje por la Tierra” hay que “purgar karma” para purificarse, y existe la opción entre “ser mala gente y descender espiritualmente o cultivar la espiritualidad, los buenos valores morales y religiosos y elegir astralmente elevarse”.
Con respecto al acto de reconocimiento de responsabilidades por el caso Gelman, Andrade piensa que debe “servir para algo, porque si es solamente para cumplir una formalidad nos va a decepcionar a muchos”. “Quizá esto sea el comienzo de una etapa que nos ponga a reflexionar para tratar de sanar. Así como de a poco van apareciendo los restos de los desaparecidos, que también vayan apareciendo pedacitos de perdón que se vayan uniendo para llegar a un verdadero arrepentimiento que debe existir para que haya una verdadera reconciliación”.
Luis Rómboli
En la Tierra y más allá
21/Mar/2012
La Diaria, Luis Rómboli